Obispo dominico, doctor de la Iglesia, patrono de los científicos · Fiesta: 15 de noviembre

📖 Salmo 104,24
Alberto nació hacia el año 1200 en Lauingen, en Suabia (Alemania). Estudiando en Padua conoció a los dominicos y entró en la Orden de Predicadores. Enseñó en varias casas de Alemania, después en París y en Colonia, donde fundó un gran centro de estudios.
Alberto lo estudiaba todo: la Escritura, la teología y la filosofía, pero también las plantas, los animales, los minerales y las estrellas. Dio a conocer las obras de Aristóteles a los estudiosos cristianos y mostró que la fe y la razón son amigas, no enemigas. Entre sus alumnos había un joven dominico callado, Tomás de Aquino, cuyo genio Alberto reconoció y defendió.
De 1260 a 1262 fue obispo de Ratisbona; después renunció para volver a enseñar y predicar. Ya anciano viajó a París para defender la enseñanza de Tomás tras su muerte. Alberto murió en Colonia el 15 de noviembre de 1280. Fue canonizado y declarado doctor de la Iglesia en 1931, y en 1941 Pío XII lo nombró patrono de quienes estudian las ciencias naturales.
Alberto estudió la creación con asombro porque es obra de la sabiduría de Dios.
Se alegró de los dones de su alumno Tomás y lo ayudó a crecer.
Renunció al cargo de obispo para volver al estudio, a la oración y a la enseñanza.
La tradición cuenta que sus compañeros llamaban al silencioso Tomás de Aquino «el buey mudo», y que Alberto respondió que un día los mugidos de ese buey se oirían en el mundo entero.
¡Cuántas son tus obras, Señor! Todas las hiciste con sabiduría (Salmo 104,24). Alberto estudió la creación con asombro.
La ciencia y la fe buscan ambas la verdad; el mismo Dios es autor de las dos.
Alberto reconoció y defendió el genio de su alumno Tomás de Aquino.
Queridos amigos, san Alberto Magno estudió plantas, animales, piedras y estrellas, y estudió también la Escritura y la teología. No veía conflicto entre ellas. Con el salmista podía decir: cuántas son tus obras, Señor; todas las hiciste con sabiduría (Salmo 104,24). Cada descubrimiento sobre la creación es un descubrimiento sobre la sabiduría del Creador.
Hoy a muchos jóvenes se les dice que tienen que elegir entre la fe y la ciencia. Alberto, patrono de los científicos, dice que no: la verdad no puede contradecir a la verdad, porque el mismo Dios es autor de la naturaleza y de la revelación. Que nuestros estudiantes estudien mucho y recen mucho.
Alberto fue también un gran maestro. Cuando otros se reían del callado Tomás de Aquino, Alberto vio su genio y lo protegió. Padres y profesores, busquen los dones escondidos de sus hijos y alumnos y anímenlos. Y todos nosotros, miremos hoy la creación con asombro y demos gracias a su Hacedor. Amén.
Señor Dios, que hiciste grande a san Alberto por su don de unir la sabiduría humana con la fe divina: concédenos seguir de tal modo su enseñanza que todo progreso del saber nos lleve a conocerte y amarte más. Amén.