Virgen, fundadora de la Compañía de Santa Úrsula · Fiesta: 27 de enero

📖 Lucas 10,42
Ángela de Mérici nació hacia 1474 en Desenzano, a orillas del lago de Garda, en el norte de Italia. Perdió a sus padres siendo todavía joven y se fue a vivir con un tío en Salò. Se hizo terciaria franciscana y se entregó a la oración, al ayuno y al cuidado de los pobres.
En 1516 se trasladó a Brescia, donde llegó a ser conocida como una mujer sabia a la que muchos, ricos y pobres, acudían en busca de consejo. En 1524 peregrinó a Tierra Santa, y en el año jubilar de 1525 visitó Roma, donde, según sus primeros biógrafos, el papa Clemente VII la invitó a quedarse; ella prefirió volver a Brescia.
Vio que muchas jóvenes no tenían acceso a una formación cristiana y no podían ni entrar en un convento ni encontrar un buen matrimonio. El 25 de noviembre de 1535 fundó con veintiocho compañeras la Compañía de Santa Úrsula: mujeres consagradas a Cristo que vivían en sus propias casas, sin clausura, orando, sirviendo y enseñando la fe, sobre todo a las niñas. Era una forma nueva de vida consagrada en medio del mundo.
Ángela murió en Brescia el 27 de enero de 1540. Después de su muerte las ursulinas se extendieron ampliamente y, tras el Concilio de Trento, muchas comunidades se convirtieron en congregaciones religiosas dedicadas a la educación de las niñas, labor que continúan en muchos países. El papa Pío VII la canonizó en 1807.
La consagración de Ángela fue elegir la mejor parte.
Sus compañeras servían a Dios en sus propias casas y ciudades.
Vio la dignidad de las jóvenes y su necesidad de formación.
Pidió a sus responsables que guiaran con amor, no con dureza.
Sus primeros biógrafos cuentan que, siendo joven, mientras trabajaba en el campo, tuvo la visión de una escalera que llegaba hasta el cielo por la que subían muchachas, y comprendió que un día fundaría una compañía de mujeres consagradas.
Según los relatos antiguos, Ángela perdió la vista durante el viaje a Tierra Santa, visitó los lugares santos sin ver y recobró la vista en el camino de regreso.
El 25 de noviembre de 1535, en una pequeña casa junto a la iglesia de Santa Afra de Brescia, Ángela y veintiocho jóvenes se consagraron a Dios en la Compañía de Santa Úrsula.
Como María de Betania, Ángela eligió primero a Jesús (Lucas 10,42).
La santidad puede crecer en los hogares ordinarios.
La educación es una obra de amor.
Queridos hermanos y hermanas, santa Ángela de Mérici fue una laica del norte de Italia que, a comienzos del siglo XVI, vio una gran necesidad: muchas jóvenes no tenían a nadie que las formara en la fe. No esperó a que otros actuaran.
En el Evangelio Jesús dice a Marta que solo una cosa es necesaria, y que María ha elegido la mejor parte (Lucas 10,42). Ángela eligió esa mejor parte: Jesucristo por encima de todo. De esa elección nació su servicio.
En 1535 reunió a jóvenes que consagraron su vida a Cristo viviendo en sus propias casas, orando, sirviendo y enseñando. Era algo nuevo en la Iglesia. Más tarde las ursulinas llegaron a ser educadoras de niñas en muchas tierras.
Demos gracias hoy a Dios por todas las religiosas y por todos los educadores que forman a los jóvenes en la fe y en el saber. Y pidamos a santa Ángela que nos ayude a elegir la mejor parte y a servir a Cristo dondequiera que vivamos. Amén.
Señor Jesús, santa Ángela de Mérici te eligió como lo único necesario y te sirvió en los jóvenes; por su intercesión, ayúdanos a elegir la mejor parte y bendice a todos los que enseñan y forman a los jóvenes en la fe. Amén.