Obispo de Sebaste y mártir, invocado en las dolencias de la garganta · Fiesta: 3 de febrero
Abrir en la app La Palabra de cada día📖 Salmo 34,19
San Blas fue obispo de Sebaste, en la Armenia histórica, la actual ciudad de Sivas, en Turquía. Se cree que murió mártir a comienzos del siglo IV, hacia el año 316, durante la persecución del emperador Licinio. Muy poco de su vida puede establecerse con certeza. Los relatos escritos sobre él son de algunos siglos después de su muerte y mezclan la memoria con las narraciones populares.
Esos relatos lo presentan como médico antes de ser obispo, un hombre que cuidaba tanto de los cuerpos como de las almas. Cuando estalló la persecución, se dice que se retiró a una cueva en los montes, desde donde siguió guiando a su pueblo. Unos cazadores enviados a buscar animales para el circo lo habrían descubierto allí y lo habrían llevado ante el gobernador.
Según los mismos relatos, se negó a renegar de Cristo, fue torturado con los peines de hierro que servían para cardar la lana y finalmente fue decapitado. Por ese detalle es patrono de los cardadores. Su culto se difundió ampliamente en Oriente y en Occidente desde el siglo VIII aproximadamente. Las Iglesias orientales de tradición griega celebran su memoria el 11 de febrero, y el calendario romano el 3 de febrero. Se cuenta entre los catorce santos auxiliadores de la devoción medieval, y la ciudad de Dubrovnik lo honra desde hace mucho como patrono.
Hoy se le conoce sobre todo por la bendición de las gargantas. En muchas parroquias, el día de su fiesta o en torno a él, se colocan cruzadas sobre la garganta dos velas bendecidas el día anterior, en la fiesta de la Presentación del Señor, mientras se dice una oración pidiendo su intercesión. Es un sacramental, no un amuleto. Como enseña el Catecismo (CEC 1670), los sacramentales nos preparan, por la oración de la Iglesia, a recibir la gracia y a cooperar con ella. La bendición no sustituye al médico; pide a Dios que nos proteja de la enfermedad y de todo mal.
La tradición recuerda a un sanador de cuerpos que llegó a ser también pastor de almas.
Aceptó la muerte antes que renegar de Cristo.
Un sacramental nos lleva a confiar en Dios, no en un objeto.
Una garganta sana sirve para alabar a Dios y para hablar con bondad y verdad.
El relato más conocido cuenta que, camino de la cárcel, Blas se encontró con una madre cuyo hijo se ahogaba con una espina de pescado. Oró por el niño y este quedó curado. De ahí viene la costumbre de pedir su intercesión en las dolencias de la garganta.
Otro relato dice que un lobo se había llevado el único cerdo de una mujer pobre. Blas ordenó al lobo que lo devolviera, y así lo hizo. Cuando el obispo estaba en la cárcel, la mujer, agradecida, le llevó comida y velas para alumbrar su celda. Las velas de la bendición suelen relacionarse con esta historia.
Los relatos de su vida dicen que los animales salvajes acudían a su cueva sin miedo, y que él los bendecía y curaba a los enfermos. Allí lo encontraron los cazadores, y así fue como lo detuvieron.
Por intercesión de san Blas, obispo y mártir, líbrete Dios de todo mal de garganta y de cualquier otra enfermedad. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Bendición romana de las gargantas, en sustancia
La tradición recuerda a un médico que dio su vida por Cristo.
Un sacramental es oración de la Iglesia, no un amuleto.
Palabras de alabanza, de verdad y de bondad.
Queridos hermanos y hermanas, sabemos poco con certeza acerca de san Blas. Sabemos que fue obispo en Oriente, que murió por Cristo en tiempos de persecución y que los cristianos piden su intercesión desde hace muchos siglos. En torno a ese recuerdo nacieron relatos, como el del niño que se ahogaba con una espina de pescado y que sanó por la oración del obispo. Recibimos estas historias como lo que son, pero la fe que expresan es verdadera: a Dios le importan nuestro cuerpo, nuestra enfermedad y nuestro miedo.
El salmo nos enseña que el justo pasa por muchas pruebas y que el Señor lo saca de todas ellas (Salmo 34,19). A Blas no se le ahorró el sufrimiento. Fue liberado de la manera más profunda, a través de la muerte, hacia la vida con Cristo. La esperanza cristiana no promete una vida sin enfermedad. Promete que ninguna enfermedad y ninguna muerte pueden separarnos de Dios.
Esto nos ayuda a entender la bendición de las gargantas. Unas velas y una oración no actúan como una medicina, y no nos dispensan de ir al médico. Una bendición es la oración de toda la Iglesia, hecha con fe, que pide a Dios que nos proteja y que nos haga mejores discípulos. Recibamos toda bendición con ese espíritu, y con la misma fe con la que venimos a la Santa Misa / Santa Qurbana.
Y hagámonos una pregunta práctica: ¿qué sale de esta garganta? ¿Palabras de oración, o solo quejas? ¿Palabras que curan, o palabras que hieren? Oremos hoy por quienes sufren enfermedades de la garganta y de la voz, por los médicos y las enfermeras, y por nosotros mismos, para que nuestras palabras edifiquen a quienes nos escuchan. Amén.
Señor Dios, escucha la oración de tu pueblo por intercesión de san Blas, obispo y mártir. Protégenos de la enfermedad del cuerpo y del alma, y haz que nuestra voz te alabe siempre y diga lo que es verdadero y bondadoso. Amén.