Religiosa carmelita (CMC), la madre que reza · Fiesta: 29 de agosto

📖 Lc 18,1
Rosa Eluvathingal nació el 17 de octubre de 1877 en Kattoor, cerca de Irinjalakuda, en la archidiócesis de Thrissur, Kerala. Desde niña se sintió llamada a entregar su vida a Dios y, tras cierta oposición de su familia, ingresó en las carmelitas de la Iglesia siro-malabar (hoy Congregación de la Madre del Carmelo), con el nombre de Eufrasia del Sagrado Corazón de Jesús.
De joven religiosa sufrió graves enfermedades y creyó haber sido curada por intercesión de la Sagrada Familia. Vivió muchos años en el convento de Santa María de Ollur, como maestra de novicias y superiora. Pasaba largas horas ante el Santísimo Sacramento, y la gente acudía a ella para pedir oración y consejo.
La gente de Ollur la llamaba la madre que reza (Prarthikkunna Amma) y un sagrario ambulante, porque Cristo parecía ir con ella dondequiera que fuese. Murió el 29 de agosto de 1952. Fue beatificada en 2006 y canonizada por el papa Francisco el 23 de noviembre de 2014, junto con san Kuriakose Elias Chavara.
El ministerio principal de Eufrasia fue la oración. Su intercesión sostuvo a muchas familias.
Su amor a la Eucaristía la convirtió para los demás en un sagrario ambulante.
Como maestra de novicias y superiora guió a otras con dulzura y firmeza.
No buscaba atención; la gente solo sabía que rezaba por ellos.
Personas de todo origen acudían al convento de Ollur para pedir a la Madre que rezara por sus necesidades: hijos enfermos, deudas, exámenes, peleas familiares. Ella prometía rezar y cumplía su promesa, a menudo hasta muy tarde en la capilla.
Rosa Eluvathingal deseaba entregar su vida a Dios.
Su curación de una enfermedad, que atribuyó a la intercesión de la Sagrada Familia.
Largas horas ante el Santísimo en Ollur.
Maestra de novicias y superiora, sencilla y bondadosa.
Queridos hermanos y hermanas, la gente de Ollur llamaba a santa Eufrasia la madre orante. No hizo cosas espectaculares. Rezó, y cumplió sus deberes diarios con fidelidad y gran amor. Esa fue su santidad.
Rosa Eluvathingal nació en Kattoor en 1877. Siendo niña sintió que Dios la llamaba y, a pesar de la oposición de su familia, ingresó en las religiosas carmelitas y tomó el nombre de Eufrasia del Sagrado Corazón de Jesús. Siendo joven religiosa enfermó gravemente y atribuyó su curación a la intercesión de la Sagrada Familia.
Durante muchos años vivió en el convento de Santa María de Ollur como maestra de novicias y superiora. Pasaba largas horas ante el Santísimo Sacramento. La gente acudía a ella con sus problemas, y ella escuchaba y rezaba. Era fiel en los pequeños deberes: barrer, enseñar, corregir, animar.
Eufrasia nos recuerda que la oración es un trabajo verdadero. Un mundo que solo valora la actividad necesita personas que recen. Visitemos al Santísimo esta semana, aunque sea cinco minutos, y llevemos al Señor las preocupaciones de nuestras familias. Y pidamos a santa Eufrasia que rece por nosotros.
Orar siempre sin desanimarse (Lucas 18,1–8).
Tu Padre, que ve en lo secreto (Mateo 6,6).
Permanezcan en mí, como yo en ustedes (Juan 15,4–5).
Sentarse a los pies del Señor (Lucas 10,39–42).
Queridos amigos, Jesús contó la parábola de una viuda que no dejaba de pedir justicia a un juez injusto hasta que este cedió. La contó para que sus discípulos oraran siempre sin desanimarse (Lucas 18,1). Santa Eufrasia vivió esta parábola.
Orar no siempre es fácil. A veces rezamos y nada parece cambiar. También Eufrasia conoció la enfermedad y las dificultades. Pero siguió rezando, día tras día, ante el sagrario. Jesús dijo: Cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto (Mateo 6,6). Su santidad fue sobre todo escondida.
Jesús dijo también: Permanezcan en mí, como yo en ustedes; sin mí no pueden hacer nada (Juan 15,4–5). Las largas horas de Eufrasia ante el Santísimo no eran tiempo perdido. De esa unión nacieron su sabiduría, su bondad y su fortaleza.
Marta servía; María se sentó a los pies del Señor y escuchaba, y Jesús dijo que había escogido la mejor parte (Lucas 10,42). Necesitamos las dos. Pero en nuestra vida ajetreada no perdamos la parte de María. Den a Dios un tiempo fijo cada día. No se desanimen.
Muchos creemos porque alguien rezó por nosotros.
Un hábito diario.
Cinco minutos ante el sagrario.
No abandonen a un hijo que se aleja.
Queridas familias, a santa Eufrasia la llamaban la madre orante, aunque no tuvo hijos propios. En cierto sentido fue madre de todos los que acudían a ella pidiendo oraciones. Muchos de los que estamos aquí creemos hoy porque una madre o una abuela rezó por nosotros.
Queridos padres, recen cada día por sus hijos por su nombre. Recen por sus estudios, sus amigos, su futuro cónyuge, su fe. Recen especialmente cuando se alejen o tengan dificultades. Santa Mónica rezó durante años por su hijo Agustín. No se rindan.
Enseñen a sus hijos a visitar a Jesús en la iglesia, aunque sea cinco minutos, al salir de la escuela o de camino a casa. Eufrasia pasaba horas ante el sagrario; los niños pueden empezar con unos minutos. Lo recordarán toda la vida.
Queridos jóvenes, ustedes también pueden rezar por sus padres, por sus amigos y por su futuro. La oración no es solo para los mayores. Pidan a santa Eufrasia que les enseñe a rezar con confianza y a no desanimarse nunca.
Señor Jesús, diste a santa Eufrasia un corazón ardiente del amor de tu Sagrado Corazón y una vida de oración constante. Por su intercesión, enséñanos a orar siempre sin desfallecer y a llevarte a los demás. Amén.