El discípulo amado · Fiesta: 27 de diciembre

📖 1 Juan 4,16
Juan, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago, era un pescador de Galilea al que Jesús llamó junto con su hermano desde su barca (Marcos 1,19–20). Jesús llamó a los dos hermanos Boanerges, es decir, hijos del trueno (Marcos 3,17). Con Pedro y Santiago fue testigo de la resurrección de la hija de Jairo, de la Transfiguración y de la agonía en Getsemaní.
La Iglesia lo ha identificado tradicionalmente con el discípulo a quien Jesús amaba, que se reclinó sobre el pecho de Jesús en la Última Cena, permaneció al pie de la Cruz y recibió a María como madre (Juan 19,26–27). La mañana de Pascua corrió al sepulcro con Pedro, vio y creyó (Juan 20,2–8).
La tradición le atribuye el cuarto Evangelio, tres cartas y el libro del Apocalipsis, y dice que vivió hasta la vejez en Éfeso. Su Evangelio y sus cartas están llenos de los temas de la luz, la vida, la verdad y sobre todo el amor.
La oración como un reposar sobre su pecho.
Juan no huyó.
Todo discípulo recibe a María como madre.
El corazón de su mensaje.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo; y luego al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa (Juan 19,26–27).
San Jerónimo cuenta que, cuando Juan era ya muy anciano en Éfeso, lo llevaban a la asamblea y solo repetía: Hijitos, ámense los unos a los otros. Cuando le preguntaron por qué, respondió: Es el mandamiento del Señor, y si se cumple solo esto, basta.
Todo cristiano puede reclinarse sobre el corazón de Jesús.
Al pie de la Cruz, Juan recibió a María.
Su último mensaje.
Queridos hermanos y hermanas, san Juan era un joven pescador al que Jesús llamó hijo del trueno, pero llegó a ser el apóstol del amor. El Evangelio lo llama el discípulo a quien Jesús amaba. En la Última Cena se reclinó sobre el pecho de Jesús.
Cuando los demás discípulos huyeron, Juan permaneció al pie de la Cruz con María. Jesús los entregó el uno al otro: Ahí tienes a tu hijo, ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora Juan la recibió en su casa (Juan 19,27).
Sus cartas resumen el Evangelio en tres palabras: Dios es amor (1 Juan 4,16). La tradición cuenta que en su vejez solo repetía: Hijitos, ámense los unos a los otros.
En este tiempo de Navidad, aprendamos de Juan a reposar en la oración sobre el corazón de Jesús, a recibir a María en nuestros hogares y a amarnos los unos a los otros, porque este es el mandamiento del Señor. Amén.
Dios Padre nuestro, que por medio del apóstol Juan nos revelaste los misterios de tu Palabra; concédenos comprender lo que él enseñó y vivir en el amor que él anunció. Amén.