Virgen y mártir de Siracusa · Fiesta: 13 de diciembre

📖 Mateo 5,14
Lucía era una joven cristiana de Siracusa, en Sicilia, que murió mártir, probablemente durante la persecución de Diocleciano, hacia el año 304. Su culto es muy antiguo: una inscripción de Siracusa de finales del siglo IV o comienzos del V menciona su fiesta, y su nombre figura en el Canon Romano de la Misa.
Sus Actas posteriores, que los historiadores consideran en gran parte legendarias, cuentan que consagró a Dios su virginidad, dio su dote a los pobres y fue denunciada por un pretendiente despechado. Condenada, nadie pudo moverla por la fuerza, y finalmente murió a espada.
Su nombre procede de la palabra latina que significa luz. Su fiesta cae en los días más oscuros del año en el hemisferio norte, y en muchos países se celebra con luces y procesiones. Por una leyenda posterior sobre sus ojos, se la invoca como patrona de quienes padecen enfermedades de la vista.
Su nombre y su fiesta hablan de Cristo, la Luz.
Repartió sus bienes.
Ninguna fuerza pudo apartarla de Cristo.
Las Actas cuentan que los guardias intentaron arrastrar a Lucía con cuerdas e incluso con bueyes, pero no pudieron moverla.
Una leyenda medieval dice que le arrancaron los ojos y que Dios se los devolvió; a menudo se la representa con dos ojos sobre un plato, y la invocan quienes tienen problemas de la vista.
Lucía nos recuerda a Cristo, la Luz.
Una fe que no se deja mover.
Dio su dote a los pobres.
Queridos hermanos y hermanas, santa Lucía fue una joven mártir cristiana de Sicilia, en la gran persecución de hacia el año 304. Su nombre significa luz, y su fiesta llega en los días más oscuros del año en el hemisferio norte, en pleno Adviento.
Sabemos poco con certeza sobre su vida, pero su memoria fue honrada muy pronto; su nombre está en el Canon Romano. Relatos posteriores cuentan que dio su dote a los pobres y que ninguna fuerza pudo apartarla de su fe. Sean cuales sean los detalles, lo esencial está claro: prefirió a Cristo por encima de todo.
Jesús dijo: Ustedes son la luz del mundo (Mateo 5,14). La luz de Lucía no era suya; era la luz de Cristo, que brillaba a través de su valentía y de su generosidad.
En este tiempo de Adviento, seamos luz: con la generosidad hacia los pobres, con la firmeza en la fe, con la bondad en las situaciones oscuras. Y oremos por todos los que sufren enfermedades de la vista y por todos los que viven en la oscuridad espiritual. Amén.
Señor, que la oración de santa Lucía, virgen y mártir, nos dé valentía, para que seamos luz en el mundo y lleguemos a contemplar tu gloria. Amén.