San Martín de Porres

Hermano dominico de Lima, servidor de los pobres y de los enfermos · Fiesta: 3 de noviembre

San Martín de Porres
St Martin de Porres with his broom, the crucifix and the dog and cat that ate peacefully together, popular devotional painting on canvas, photographed at a market in Lima, Peru (detail). Photo: Thayne Tuason, CC BY 4.0, via Wikimedia Commons.
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Palabra de Dios

📖 Mateo 25,40

Vida

Martín nació en Lima, en el Perú, en 1579, hijo de un noble español, Juan de Porres, y de Ana Velázquez, una mujer negra liberta de Panamá. Al principio su padre no lo reconoció, y siendo niño mulato Martín conoció la pobreza y el desprecio. Aprendió el oficio de barbero cirujano: a curar heridas y a preparar medicinas.

Hacia los quince años pidió entrar en el convento dominico del Santo Rosario de Lima. Por las leyes raciales de la época fue recibido al principio solo como donado; en 1603 se le permitió hacer los votos como hermano lego. Sirvió como barbero, jardinero y enfermero, cuidó a los frailes enfermos y a los pobres de la ciudad, fundó un hogar para niños abandonados y repartía cada día comida a cientos de hambrientos.

Fue amigo de santa Rosa de Lima y de san Juan Macías. Murió el 3 de noviembre de 1639, y toda la ciudad acudió a su entierro. El papa san Juan XXIII lo canonizó en 1962; es venerado como patrono de la justicia social y de las personas de origen mestizo y mulato.

Enseñanzas

La humildad es fuerza

Martín aceptó los trabajos más humildes sin amargura y así quedó libre para amar a todos.

Caridad sin fronteras

Sirvió por igual a españoles, africanos e indígenas, a ricos y pobres, a las personas y hasta a los animales.

Oración y trabajo juntos

Sus largas noches de oración ante el Santísimo eran la fuente de su servicio incansable durante el día.

Relatos

La escoba (tradición)

A Martín se le representa casi siempre con una escoba. Se llamaba a sí mismo «perro mulato» y barría con gusto el convento, viendo en las tareas más pequeñas un servicio a Cristo.

La paz con los ratones (leyenda)

Un relato popular cuenta que, cuando los frailes quisieron envenenar a los ratones de la ropería, Martín los llevó al huerto y les dio de comer allí, y no volvieron a hacer daño.

Homilía

1. La escoba de la humildad

Martín barría los suelos y se tenía por el último. La humildad lo hizo libre para amar a todos sin orgullo ni rencor.

2. Cristo en los más pequeños

Lo que hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron (Mateo 25,40). Martín veía a Cristo en el enfermo, el pobre y el niño abandonado.

3. Una caridad que cruza todas las líneas

Español, africano, indígena: Martín sirvió a todos. Pregúntese: ¿a quién excluyo yo en silencio?

Queridos amigos, hoy honramos a un hombre a quien el mundo miró un día por encima del hombro. Martín de Porres nació pobre, mulato, sin el reconocimiento de su padre. Los dominicos al principio solo lo aceptaron como ayudante. Y hoy toda la Iglesia lo llama santo.

Martín nunca luchó por un puesto. Tomó la escoba, la palangana y la venda, y con ellas sirvió a Cristo. Jesús dijo que lo que hacemos con el más pequeño de sus hermanos lo hacemos con él (Mateo 25,40). Martín lo creyó al pie de la letra: el fraile enfermo, el mendigo de la puerta, el niño abandonado eran Cristo mismo.

Su caridad cruzó todas las líneas que su sociedad había trazado: la raza, la clase social, incluso la línea entre las personas y los animales. En un mundo todavía dividido por el color de la piel y la posición social, Martín nos pregunta: ¿a quién mantengo a distancia? Elija esta semana una tarea humilde que nadie quiere y hágala con amor a Cristo. Amén.

Oración

Señor Dios, que llevaste a san Martín de Porres por el camino de la humildad a la gloria del cielo: ayúdanos a seguir su ejemplo de caridad, para que sirvamos a Cristo en los pobres y en los enfermos. Amén.