Soldado, monje y obispo de Tours · Fiesta: 11 de noviembre

📖 Mateo 25,36
Martín nació hacia el año 316 en Sabaria, en Panonia (hoy Szombathely, en Hungría), hijo de un oficial del ejército romano, y creció en Pavía, en Italia. Atraído por Cristo desde niño, se hizo catecúmeno, pero como hijo de oficial fue alistado en el ejército a los quince años. Su vida la escribió su amigo Sulpicio Severo, que lo conoció personalmente.
En Amiens, un día helado de invierno, Martín partió en dos su capa militar y dio la mitad a un pobre que pedía limosna a la puerta de la ciudad. Aquella noche, cuenta Sulpicio, vio en sueños a Cristo vestido con la media capa, diciendo que Martín, todavía catecúmeno, lo había vestido. Martín fue bautizado poco después. Más tarde dejó el ejército, diciendo que ahora era soldado de Cristo, y se hizo discípulo de san Hilario de Poitiers. Hacia el año 361 fundó en Ligugé uno de los primeros monasterios de la Galia.
En el año 371 el pueblo de Tours lo eligió obispo, contra su voluntad. Vivió como monje en Marmoutier, fuera de la ciudad, recorrió los campos predicando a la gente sencilla y cuidó a los pobres y a los presos. Murió en Candes el 8 de noviembre de 397 y fue sepultado en Tours el 11 de noviembre. Fue uno de los primeros santos venerados sin haber sido mártir.
Martín no dio toda la capa; dio lo que pudo en aquel momento, y Cristo lo aceptó como dado a él mismo.
Su sueño es un comentario vivo de Mateo 25: lo que hacemos con el más pequeño, lo hacemos con Cristo.
Aun siendo obispo, mantuvo la vida sencilla de un monje y sirvió él mismo al pueblo.
A la puerta de Amiens Martín compartió su capa con un mendigo helado y aquella noche vio a Cristo vestido con ella. El relato procede de su biógrafo contemporáneo, Sulpicio Severo.
Una leyenda posterior cuenta que Martín se escondió en un corral de gansos para no ser nombrado obispo, pero los graznidos lo delataron. Por eso en algunas partes de Europa se come ganso el día de San Martín.
Señor, si tu pueblo todavía me necesita, no rehúso el trabajo; hágase tu voluntad.
San Martín de Tours en su lecho de muerte, según Sulpicio Severo, en sustancia
Martín dio lo que pudo en aquel momento. La generosidad no espera a tener de sobra.
Estuve desnudo y me vistieron (Mateo 25,36). Aquella noche Martín vio a Cristo vestido con su capa.
Dejó un ejército para servir en otro: monje y obispo que mantuvo una vida sencilla y sirvió él mismo a los pobres.
Queridos amigos, un día helado, a la puerta de Amiens, un joven soldado romano vio a un mendigo tiritando. No llevaba dinero, solo su capa militar. Sacó la espada, partió la capa en dos y dio la mitad. Aquella noche, cuenta su biógrafo, Martín vio en sueños a Cristo vestido con aquella media capa.
Jesús había dicho: estuve desnudo y me vistieron (Mateo 25,36). Martín no dio toda la capa; dio lo que pudo en aquel momento, y Cristo lo recibió como dado a él mismo. La generosidad no espera a tener de sobra. Empieza con la media capa que tenemos ahora.
Martín llegó a ser monje y obispo, pero mantuvo la vida sencilla de un monje e iba él mismo a los pobres y a los presos. Seamos como él esta semana: demos una prenda de abrigo, una comida, una hora de compañía a alguien que lo necesita, y recordemos a quién estamos vistiendo de verdad. Amén.
Señor Dios, san Martín de Tours te glorificó con su vida y con su muerte. Renueva en nuestros corazones las maravillas de tu gracia, para que ni la vida ni la muerte puedan separarnos de tu amor. Amén.