Papa · Fiesta: 31 de diciembre

📖 Mateo 16,18
Silvestre fue obispo de Roma del año 314 al 335, en los años inmediatamente posteriores a la concesión de la libertad a los cristianos por el emperador Constantino en el año 313. Después de siglos de persecución, la Iglesia podía celebrar el culto abiertamente y construir templos.
Durante su pontificado comenzaron a levantarse las grandes basílicas de Roma, entre ellas la de Letrán y la primera basílica de San Pedro. En el año 325 el Concilio de Nicea definió que el Hijo es de la misma sustancia que el Padre; Silvestre estuvo representado allí por sus legados.
Leyendas posteriores contaron que Silvestre bautizó a Constantino y recibió de él el gobierno de Occidente, pero estos relatos no son históricos: Constantino fue bautizado al final de su vida, en el año 337. Silvestre murió el 31 de diciembre del año 335 y fue uno de los primeros no mártires venerados como santos en Roma.
También en tiempos de libertad hace falta santidad.
El Concilio de Nicea defendió la fe verdadera.
Honramos a los santos con verdad.
En el año 325 más de doscientos obispos se reunieron en Nicea y profesaron que el Hijo es Dios verdadero de Dios verdadero. Silvestre envió a unos sacerdotes para que lo representaran.
Una leyenda medieval cuenta que Silvestre curó y bautizó a Constantino; en realidad Constantino fue bautizado en el año 337, poco antes de su muerte.
La Iglesia entra en un tiempo de libertad.
Dios verdadero de Dios verdadero.
Fidelidad en todo tiempo.
Queridos hermanos y hermanas, en el último día del año recordamos al papa san Silvestre. Guió a la Iglesia de Roma justo cuando terminaron las largas persecuciones, cuando por fin los cristianos podían celebrar libremente su culto.
La libertad trajo nuevos desafíos: la comodidad, la mundanidad y la tentación de apoyarse en el poder. En aquellos años el Concilio de Nicea profesó la fe que todavía rezamos en el Credo: Jesucristo es Dios verdadero de Dios verdadero, de la misma naturaleza que el Padre.
Leyendas posteriores convirtieron a Silvestre en un taumaturgo que bautizó al emperador, pero la verdad es más sencilla: fue un pastor fiel en un tiempo de cambios. La fe de Pedro, la roca sobre la que Cristo edifica su Iglesia (Mateo 16,18), se mantuvo firme.
Al terminar este año, demos gracias a Dios por la fe que se nos ha transmitido, y pidamos la gracia de permanecer fieles tanto en los tiempos fáciles como en los difíciles. Amén.
Señor, ayuda a tu pueblo por la intercesión del papa san Silvestre, y al terminar este año, consérvanos fieles a la fe de los apóstoles. Amén.