Presbítero dominico, teólogo, doctor de la Iglesia · Fiesta: 28 de enero

📖 Sabiduría 7,7
Tomás nació hacia 1225 en el castillo de Roccasecca, entre Roma y Nápoles, en una familia noble del linaje de los Aquino. Hacia los cinco años fue enviado a la gran abadía benedictina de Montecasino, y más tarde estudió en la universidad de Nápoles, donde conoció la nueva Orden de Predicadores fundada por santo Domingo.
En 1244 entró en los dominicos. Su familia, que esperaba verlo abad de Montecasino, lo hizo apresar en el camino y lo retuvo en casa durante casi un año, pero él no cambió de decisión. Después estudió con san Alberto Magno en París y en Colonia.
Tomás llegó a ser maestro de teología en París y enseñó allí y en Italia. Con gran claridad mostró que la fe y la razón no se contradicen, porque ambas vienen de Dios, y puso la filosofía de Aristóteles al servicio de la fe. Su obra mayor, la Suma Teológica, expone el conjunto de la doctrina católica. Según una tradición aceptada por la mayoría de los estudiosos, a petición del papa Urbano IV compuso los textos de la nueva fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, cuyos himnos se cantan todavía hoy.
El 6 de diciembre de 1273, después de una experiencia vivida durante la celebración de la Eucaristía, dejó de escribir. Convocado al Concilio de Lyon, enfermó por el camino y murió en la abadía cisterciense de Fossanova el 7 de marzo de 1274. Fue canonizado en 1323 y declarado doctor de la Iglesia en 1567. Su memoria se celebra el 28 de enero, día en que sus reliquias fueron trasladadas a Toulouse en 1369. Es patrono de las escuelas católicas y de los estudiantes.
La verdad es una, porque Dios es su fuente.
Tomás oraba antes de estudiar y de escribir.
El mayor teólogo de su tiempo llamó paja a su obra ante el misterio de Dios.
Sus himnos nos enseñan a adorar.
Se cuenta que sus compañeros de estudios llamaban a Tomás, grande y silencioso, el buey mudo. San Alberto Magno respondió que un día los mugidos de ese buey se oirían en el mundo entero.
Sus primeros biógrafos cuentan que, mientras oraba ante un crucifijo en Nápoles, Cristo le dijo: has escrito bien de mí, Tomás; ¿qué recompensa quieres? Él respondió: nada más que a ti, Señor.
Después de la experiencia del 6 de diciembre de 1273, según testimonios recogidos en su proceso de canonización, Tomás dijo a su compañero Reginaldo que todo lo que había escrito le parecía paja en comparación con lo que había visto.
La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona.
Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica I, q. 1, a. 8, en sustancia
La sabiduría es don de Dios (Sabiduría 7,7).
Nuestra fe es razonable y hermosa.
Todo saber termina en amor y adoración.
Queridos hermanos y hermanas, santo Tomás de Aquino fue una de las mayores inteligencias que la Iglesia ha conocido. Sin embargo, de estudiante era tan callado que sus compañeros lo llamaban el buey mudo. Su maestro, san Alberto Magno, vio más hondo.
Tomás oraba siempre antes de estudiar. Como Salomón podía decir: supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría (Sabiduría 7,7). Mostró que la fe y la razón son amigas, porque ambas vienen del único Dios, que es la Verdad.
Su gran Suma expone toda la fe con claridad y orden. Pero también escribió himnos a Cristo en la Eucaristía, que la Iglesia sigue cantando. Su saber lo condujo a la adoración. Cerca del final de su vida dijo que todo lo que había escrito le parecía paja comparado con lo que Dios le había mostrado.
Oremos hoy por los estudiantes y los profesores, y pidamos a santo Tomás que nos ayude a amar la verdad, a estudiar con humildad y a decir con él: nada más que a ti, Señor. Amén.
Señor Dios, fuente de toda verdad, tú diste a santo Tomás de Aquino una inteligencia que te buscaba y un corazón que te adoraba; por su intercesión, ayúdanos a estudiar con humildad, a amar la verdad y a encontrar solo en ti nuestra recompensa. Amén.