Obispos, compañeros de san Pablo · Fiesta: 26 de enero

📖 2 Timoteo 1,6
Timoteo era de Listra, en Asia Menor. Su padre era griego, y su madre Eunice una creyente judía; Pablo alaba la fe sincera que habitó primero en su abuela Loida y en su madre (Hechos 16,1; 2 Timoteo 1,5). Pablo lo tomó como compañero en su segundo viaje misionero, y Timoteo llegó a ser para él como un hijo (Filipenses 2,19–22).
Timoteo aparece como coautor de varias cartas de Pablo. Pablo lo envió a fortalecer las Iglesias de Tesalónica y de Corinto (1 Tesalonicenses 3,2; 1 Corintios 4,17) y lo dejó al frente de la Iglesia en Éfeso (1 Timoteo 1,3). Las dos cartas a Timoteo del Nuevo Testamento ofrecen orientaciones para el cuidado pastoral de una Iglesia. Según la tradición recogida por Eusebio, fue el primer obispo de Éfeso; relatos posteriores dicen que allí lo mató una multitud por oponerse a una fiesta pagana.
Tito era griego, un convertido del paganismo. Pablo lo llevó a Jerusalén, y no se le exigió la circuncisión (Gálatas 2,1–3). Fue el enviado de confianza de Pablo ante la agitada Iglesia de Corinto, y la buena noticia que trajo sobre el arrepentimiento de los corintios consoló mucho a Pablo (2 Corintios 7,6–7). Pablo lo dejó en Creta para poner las cosas en orden y establecer presbíteros en cada ciudad (Tito 1,5), y más tarde fue a Dalmacia (2 Timoteo 4,10).
La tradición sostiene que Tito fue el primer obispo de Creta y que murió allí en edad avanzada. Ambos son ejemplo de la segunda generación de pastores cristianos, que recibieron la fe de los apóstoles y la transmitieron fielmente. Su fiesta sigue a la de la Conversión de san Pablo.
La fe de Timoteo le llegó por su abuela y su madre.
La gracia recibida debe ser avivada y puesta en práctica.
Pablo confió a un joven una gran responsabilidad.
Tito ayudó a reconciliar a una Iglesia dividida.
Pablo recuerda a Timoteo la fe sincera que habitó primero en su abuela Loida y en su madre Eunice (2 Timoteo 1,5).
Pablo escribe que, cuando estaba abatido en Macedonia, Dios lo consoló con la llegada de Tito, que traía buenas noticias de Corinto (2 Corintios 7,5–7).
Unas Actas de Timoteo posteriores cuentan que fue golpeado hasta la muerte en Éfeso por hablar contra una fiesta idolátrica. El relato es tardío e incierto.
“Que nadie te menosprecie por tu juventud; sé, en cambio, un modelo para los creyentes en la palabra, en la conducta, en el amor, en la fe, en la pureza.”
San Pablo a Timoteo, 1 Timoteo 4,12
Las abuelas y las madres transmiten la fe.
Reaviva el don de Dios que hay en ti.
La Iglesia necesita colaboradores fieles.
Queridos hermanos y hermanas, al día siguiente de la Conversión de san Pablo, la Iglesia recuerda a dos de sus colaboradores más cercanos, Timoteo y Tito. Timoteo era joven, quizá tímido, y Pablo lo amaba como a un hijo. Tito era un pagano convertido que llegó a ser el mensajero de confianza de Pablo.
¿De dónde le venía la fe a Timoteo? Pablo nos lo dice: de su abuela Loida y de su madre Eunice (2 Timoteo 1,5). Demos gracias hoy a Dios por las abuelas y las madres que nos enseñaron a rezar. Ellas son las primeras misioneras de cada familia.
Pablo escribe a Timoteo: reaviva el don de Dios que hay en ti (2 Timoteo 1,6). Cada uno de nosotros ha recibido un don en el Bautismo y en la Confirmación, y los sacerdotes en la ordenación. Como un fuego, hay que avivarlo, o se enfría.
Tito fue enviado a lugares difíciles: a una Iglesia de Corinto llena de disputas y a la isla de Creta. Llevó paz y orden. Pidamos a san Timoteo y a san Tito que nos ayuden a mantener viva nuestra fe, a transmitirla a nuestros hijos y a ser colaboradores fieles de nuestros pastores. Amén.
Oh Dios, que adornaste a los santos Timoteo y Tito con virtudes apostólicas, concédenos por su intercesión que, viviendo con justicia y piedad en este mundo, merezcamos llegar a la patria del cielo. Amén.