Mártires de Vietnam · Fiesta: 24 de noviembre

📖 Romanos 8,35
El Evangelio llegó a Vietnam en el siglo XVI, y la Iglesia creció entre el pueblo. Del siglo XVII al XIX los cristianos sufrieron repetidas oleadas de persecución; los historiadores calculan que fueron asesinados por su fe muchos más de cien mil.
El 19 de junio de 1988 el papa san Juan Pablo II canonizó a 117 de estos mártires, muertos entre 1745 y 1862: 96 vietnamitas, 11 dominicos españoles y 10 misioneros franceses de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París. Entre ellos había 8 obispos, 50 sacerdotes y 59 laicos: catequistas, soldados, campesinos, pescadores, un médico, padres y madres de familia.
Andrés Dung-Lac, sacerdote diocesano vietnamita, fue detenido varias veces; sus feligreses pagaron rescates para liberarlo. Fue decapitado en Hanói el 21 de diciembre de 1839. Otro de ellos, san Pablo Le Bao Tinh, escribió desde la cárcel una carta en la que describe sus sufrimientos y su alegría en Cristo; se lee en el Oficio de lectura de este día.
La mayoría de estos mártires eran laicos: padres de familia, campesinos, soldados y catequistas.
Entre ellos hay once dominicos españoles, como los obispos Ignacio Delgado y Valentín Berrio-Ochoa: la sangre de España y la de Vietnam se mezclaron en el mismo testimonio.
Las cartas desde la cárcel fortalecían a los que todavía estaban libres.
En 1843 san Pablo Le Bao Tinh escribió que su prisión era como una imagen del infierno, con cadenas, crueldad y hambre, pero que en medio de esos tormentos Cristo estaba con él y lo llenaba de alegría. Pidió a sus hermanos que rezaran para que permaneciera fiel.
En medio de estos tormentos, que suelen aterrorizar a los demás, estoy, por la gracia de Dios, lleno de gozo y alegría, porque no estoy solo: Cristo está conmigo.
San Pablo Le Bao Tinh, carta desde la cárcel (1843), Oficio de lectura, 24 de noviembre, en sustancia
¿Quién nos separará del amor de Cristo? (Romanos 8,35). Ni la cárcel, ni la tortura, ni la espada.
La mayoría de los 117 eran laicos: campesinos, soldados, catequistas, padres de familia.
Once dominicos españoles murieron junto a sus hermanos vietnamitas: la misión une a los pueblos en una sola familia.
Queridos amigos, san Pablo pregunta: ¿quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? (Romanos 8,35). Los mártires de Vietnam respondieron con su vida: nadie y nada.
Entre 1745 y 1862 murieron por la fe decenas de miles de cristianos vietnamitas; 117 de ellos fueron canonizados en 1988. La mayoría no eran sacerdotes ni religiosos, sino laicos: campesinos, pescadores, soldados, catequistas, padres y madres. Entre ellos había también once dominicos españoles que habían dejado su tierra para anunciar a Cristo. Desde la cárcel, san Pablo Le Bao Tinh escribió que en medio de los tormentos estaba lleno de alegría, porque Cristo estaba con él.
Recemos hoy por los cristianos perseguidos en Asia y en otros lugares, demos gracias por los misioneros que salieron de nuestras tierras, y pidamos valor para ser fieles en las pequeñas pruebas de nuestra propia vida. Amén.
Oh Dios, fuente de toda paternidad, que mantuviste a los mártires Andrés Dung-Lac y sus compañeros fieles a la cruz de tu Hijo hasta el derramamiento de su sangre: por su intercesión, ayúdanos a difundir tu amor entre nuestros hermanos. Amén.